29 Marzo 2018

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Notas sobre la Sierra Minera y el complejo minero del Cabezo Rajao en La Unión En imágenes

“Casi en todas nuestras provincias se haya plata, pero la más hermosa es la de España (……). Cosa singular que los pozos abiertos en España por Aníbal aún hoy son explotados y guardan los nombres de los que descubrieron el yacimiento (….) “. Así se expresaba el gran científico, naturalista e historiador romano Plinio, en su Libro XXXIII de Historia Natural, donde las minas de Hispania eran ensalzadas por las extraordinarias riquezas de plata que atesoraban de manera singular los yacimientos y explotaciones de Cartago Nova(Cartagena) y que, en gran parte, desde la caída del Imperio Romano en el año 476 d.C. se mantuvieron hasta comienzos del siglo XIX.

La minería en la zona de la sierra de Cartagena-La Unión pudo haberse iniciado en el año 700 a.C. cuando los fenicios llegaron motivados por la abundancia metálica  de la plata especialmente, pero con la fundación de la ciudad de Cartagena en el año 227 a.Cpor el general cartaginés Asdrúbal sobre los restos de una antigua ciudad, es cuando los cartagineses como primeros pobladores comienzan a utilizar herramientas en las pequeñas extracciones y explotaciones mineras de hierro y plata para el mantenimiento de las guerras de Cartago contra Roma por la supremacía del Mediterráneo.

Fue breve el dominio del pueblo cartaginés pues, en el año 209. a.C., el militar romano Publio Cornelio Escipión arrojó a los cartagineses de Cartagena, la nueva Cartago Nova. La importancia de la ciudad se fundamentó en dos factores: el primero, debido a la riqueza y trascendencia minera de la zona y, el segundo, gracias al singular y extraordinario emplazamiento que, merced a su topografía, como una pequeña península entre el mar y una laguna interior le permitía una fácil y estratégica defensa.

Se considera que la minería de la zona alcanzó su momento álgido en el siglo I d.C., siendo prácticamente abandonadas en el siglo III d.C., no existiendo indicios de que ni visigodos ni musulmanes explotaran estas zonas mineras. En la Edad Media, tras la Reconquista, diversos problemas técnicos sumados al agotamiento de algunos criaderos así como a la estricta legislación minera hizo que se reanudasen muy pocas labores mineras, explotándose algo de plomo, alumbres y plata, pero la atonía y la falta de actividad fueron la tónica general hasta que dos circunstancias dieron un giro espectacular al devenir minero de la zona: primero con la Ley de Minas de 1825 de Fausto de Elhuyar que liberalizaba la industria minera, permitiendo la participación de pequeños inversionistas que limitaba a poco más de 1,3 ha y siendo uno de los mayores problemas de la minería de la zona de distrito minero de Cartagena-La Unión: el minifundismo como causa de la escasa tecnificación y previsión de los propietarios de las explotaciones.

La segunda circunstancia que cambió el rumbo de los acontecimientos fue el descubrimiento del rico Filón Jaroso de Almería en 1839, ubicado en la Sierra Almagrera, cuyo éxito económico tuvo una increíble influencia posterior en el distrito minero de Cartagena-La Unión, así comparable al de la aparición de la fiebre del oro en California pocos años después. Además, esta situación vendría reforzada por otro factor que resultó ser decisivo al fijarse en 1840, mediante Decreto-Ley, la prohibición de exportar mineral sin beneficiar, extremo que significó el nacimiento de una importante industria metalúrgica, instalándose las primeras fundiciones de la sierra de Cartagena tratando mineral procedente de otros distintos como Lorca, Mazarrón y  Almagrera, siendo Lorca la localidad más importante de la provincia de Murcia no solo por el número de pertenencias mineras tramitadas sino también por el número de compañías constituidas en forma de sociedad mercantil.

Una década más tarde, hacia 1850, existían dos importantes núcleos de población en la Sierra Minera: El Garbanzal y Las Herrerías, lugares que habían experimentado un notable incremento poblacional gracias a la inmigración causada por la actividad minera. Estas dos poblaciones precitadas estaban en continuas desavenencias pues los habitantes del núcleo de Las Herrerías pretendían crear un municipio independiente. El general Prim propuso en 1868 que ambas poblaciones se fusionarán en un solo pueblo y así fue, dando lugar desde el día 1 de enero de 1869 a la creación de la villa de La Unión. Ante la creciente importancia económica y minera de La Unión, surgieron diferentes conflictos entre La Unión y Cartagena, pues los unionenses pretendían constituirse en municipio independiente, lográndolo, finalmente, en el año 1898 y absorbiendo al poblado de Portmán y El Descargador, segregados de Cartagena, junto con Las Herrerías y El Garbanzal, para formar definitivamente el municipio de La Unión.

La Sierra de Cartagena o “Sierra Minera”, donde se encuentra el complejo minero del CabezoRajao, tiene una extensión aproximada de unos 50 km2 entre los municipios de La Unión y Cartagena. Es una zona de especial y variado interés mineralógico (aprovechamientos principales de plata, plomo, cinc y hierro) y complejidad tectónica que se extiende al Este de Cartagena, hasta el Cabo de Palos, limitada al Sur por el mar Mediterráneo y al Norte por la parte sur del Mar Menor, los Llanos de El Algar y los cabezos (afloramientos de rocas y depósitos que  forman cerros altos y aislados de origen volcánico) de Ventura y La Fraila, formando una franja de unos 25 km de largo con un ancho medio de unos 6 km.

Esta zona constituye, sin duda, unos de los distritos mineros más importantes de España, repleta de numerosas labores y restos de explotaciones antiguas, especialmente romanas, que representa un singular paisaje horadado por la actividad extractiva minera Casi toda su superficie se encontraba registrada y demarcada en el siglo XIX, con 13.000 hectáreas concedidas y un millar largo de minas que desde hace siglos ha producido importantes cambios en la topografía a consecuencia de las explotaciones mineras.

El complejo del Cabezo Rajao, situado en el municipio de La Unión, es uno de los puntos más importantes de la minería romana,así denominado por tratarse de la explotación de un filón superficial de galena que, después de ser vaciado a pico por esclavos, dejó a la vista una gran raja en la zona que dio nombre al cabezo. Los romanos explotaron la zona durante aproximadamente cinco siglos, hasta el siglo III d.C., época en la que comenzó la decadencia de la minería de la Sierra Minera.

El Conjunto del Cabezo Rajao se sitúa en los términos municipales de Cartagena y La Unión, al Norte del km 6 y 8 de la carretera N-332, concretamente en el cruce de La Esperanza, lugar que delimita ambos términos municipales, delimitado al Norte por El Garbanzal, al Este por Lo Tacón, al Sur por La Esperanza y al Oeste por Las Pedreras y Lo Borricén.

Al recorrer detenidamente el complejo minero del Cabezo Rajao se hace  involuntariamente un viaje interior retrotrayéndose al tercer tercio del siglo XIX y la mitad del siglo XX, cuando se produjo el auge de la minería en el distrito de la Sierra Minera. Por aquél entonces, cientos de trabajadores extraían de las entrañas de la tierra las menas de plomo y blenda de la mina Nuestra Señora de Monserrat, una de las dos que, junto a la mina Imperio, integraban el Cabezo Rajao. La población de La Unión llegó a ser de 36.000 almas y la riqueza minera elevó considerablemente el nivel de vida de los habitantes del distrito minero y de los inmigrantes atraídos por la oferta laboral existente.

Conforme a la declaración del conjunto como Bien de Interés Cultural, con la categoría de Sitio Histórico, el perímetro de protección incluye totalmente el Cabezo Rajao y el CabezoAgudo, y total o parcialmente las siguientes concesiones mineras, además de las oficinas, casas de máquinas, castilletes, chimeneas, lavaderos y otros elementos e infraestructuras minero-metalúrgicas, así como los yacimientos arqueológicos y bienes muebles e inmuebles ubicados dentro de dicho perímetro y formado por las19 concesiones mineras siguientes: Don Carlos, Doña Carmen, Don Francisco, Asunción, Santa Catalina, Lola, Virgen de Los Ángeles, Nuestra Señora de Montserrat, María Jesús, Seguridad, San Manuel, Amapola, Iberia, San Isidoro, Artesiana, En el Tranvía, Revolución, San Lorenzo y La Ocasión, con un perímetro de protección que presenta una extensión superficial de 744.124,30 m2.

En el complejo minero del Cabezo Rajao se encontraban, como se ha dicho, las minas Iberia y Nuestra Señora de Monserrat. El espectacular castillete metálico de la segunda era y es metálico y daba servicio a un pozo de 455 metros de profundidad distribuidas en 15 plantas, con un desnivel mínimo de 5,99 metros entre las plantas 11ª y 12ª (323,08 y 329,07 metros respectivamente), y un desnivel máximo de 59,62 metros entre las plantas 13ª y 14ª (361,23  y 420,85 metros respectivamente).

A lo largo del complejo del Cabezo Rajao y en lamentable estado de abandono y ruina de un patrimonio industrial y cultural inmaterial único, podemos contemplar los castilletes de ambas minas, Imperio y Nuestra Señora de Monserrat, con sus bases y salas de máquinas, así como las magníficas chimeneas. Recorriendo la que otrora fuera una espléndida nave de tratamiento se encuentra la imponente maquinaria del molino de bolas, así como los lavaderos y torretas de trituración del mineral con restos de edificaciones y de las celdas de flotación en madera, como se recoge en el reportaje fotográfico que acompaña a estas notas.

Sirvan las palabras del que fuera inspector del distrito minero de Cartagena-La Unión, don José de Monasterio y Correa, para concluir:

La flamante industria minera trajo en 1850 a esta olvidada provincia y, especialmente a Cartagena, “…..donde despertó una vida bulliciosa y feliz, una actividad casi fabulosa en las artes y oficios, una animación extremada en los semblantes, debido todo al movimiento que imprimen las ruedas de esa gran máquina, que agitada de continuo por un poderoso resorte, el desarrollo de la industria, transforma el aspecto de un país, haciendo de un erial una aldea, de una aldea un pueblo, y de un pueblo una populosa ciudad”. Amén.

Madrid, 8 de abril de 2018
Alfredo Gómez Pascual